Una tarde de febrero me subía a un avión rumbo a Costa Rica, dejando México atrás, deseoso de volver al pacífico, tomar mi tabla y dejarme llevar por las olas de Santa Teresa. Esa misma noche me encontraría en Guadalajara, México, luego de ser rechazado por los oficiales de Migraciones ticos, y llevado a los empujones por la policía aeroportuaria.
"Ah, ¿usted es el deportado?" Me preguntará un empleado del aeropuerto de Guadalajara...
Cómo ocurrió, qué y por qué, a continuación...